Te alejaría de mí

si dejara de soñarte, 

como se va alejando aquello 

que no se recuerda.

Pero los sueños que persisten 

dentro de otro sueño,

mucho más allá del umbral

de la ilusión, 

vienen para quedarse.

Mi abuela viene con una bata de color rosa al salón



Nada de eso secuestró mi ser, 

te digo, sin mover la lengua, 

mientras me abrazas:

mediar entre ambiciones mediocres 

donde la gente se mata

por el destino de un ¿bien? 


La luz de tu alma resplandece 

como la de una estrella hace años muerta, 

la flor y su cáliz abierto,

el despeñadero por donde querer 

saltar.


Un mariposa de intenso azul 

abre sus alas sobre mi corazón.

El invidente y el ciego

Hay un hombre que mira a sus pies, 

Hay otro que ve más allá de sus pies.


Hay un hombre que mira dentro de sí. 


Hay otro que ve más allá de sí.


Hay un hombre que mira pero no ve,


Hay otro que no mira pero ve.

Deseando amar

 


El deseo de cultivar un jardín,

con hierbas aromáticas y flores,

choca contra la realidad 

del pulgón. 

El deseo de volar sobre las copas

de los árboles y vislumbrar 

abismos desde el cielo, 

contra la gravedad. 

¿Y el deseo de amar? 

El deseo de amar, contra todo:

pulgón, gravedad, desierto,

pero es el único que procura 

el aroma más sutil, 

el vuelo más perfecto, 

y el fuego necesario 

para que arda en llamas 

la parte más incombustible de la vida. 


Quiero decirte: amor 

y escuchar la palabra 

desde dentro de tus tímpanos, 

en tus arterias bombeadas 

por el corazón, cuando el eco

ya ha entrado en ti, 

en el instante preciso

en que su significado gana 

o pierde todo su valor.

Conocer el estallido respiratorio

que producen estas cuatro letras. 

 


Las grietas en tus manos, 

que pagan una deuda ajena, 

también se cobran su cura: 

manos hechas para amar

que amando, sanan. 




Hoy es tu día



Tú, que me acompañas y me arropas, 

que me empujas y te clavas. 


Mi día deberían ser todos, contesta, 

como tu yo deberían ser otros:

la hierba, el viento, la lluvia; 

la lengua áspera y rugosa del gato; 

el pecho febril de la madre 

que necesita ser succionado,

porque arde, porque duele; 

el ojo del bebé, la mano del viejo;

el cuerpo minúsculo de la niña 

que agoniza sobre la arena negra...


Hoy no es mi día. Mi día son todos. 

 No voy entrecerrar los ojos

para ver la imagen,

no voy a contar con los dedos cruzados 


mientras cambia el escenario,


no voy a dar de comer a la mano


derecha]


con los atributos de la izquierda,


no cerraré ninguna llave 


y no permitiré que Ethos 


se deje aniquilar por Pathos, 


como un Abel cualquiera.

 

Me enfrenté al dragón: 

dejé de darle el agua

que él convertía en llamas.

Y se fue haciendo pequeño

y de sus ojos la súplica, 

y de sus garras las uñas, 

cayendo, una a una, sobre el mar, 

y de su boca la garganta 

                                        quemada. 


Lancé una flor sobre los restos. 


La caligrafía del tiempo

escribe sobre los cuerpos 

en la noche cerrada.


Los pétalos morados 

se cubren de un manto blanco,

pero arden. 


El cuenco se modeló 

entre nuestros sueños trenzados. 

Noventa noches y una moneda


Hay un horizonte en el cielo

como un helecho de Barnsley,

tomando como coordenadas

el sol y la luna que espera.





 


Los signos del amor 

no deberían ser equívocos.

¿O tal vez lo es el propio amor? 

¿Erróneo o susceptible

de interpretación?

Y sin embargo tus ojos 

y sin embargo tus manos...

 


Al milagro de la vida,

al azul exacto de esa roca,

a la fuerza de mis brazos, 

al aprendizaje temprano 

que deja heladas las extremidades,

al camino serpenteante:

no renuncio. 

 No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.” María Zambrano 


Llegar a ti, no como se llega 

a una montaña elevada 

a más de 8000 metros del suelo, 

ni ser capaz de caminar descalza 

devorando las brasas de unos poemas. 


Llegar a ti como elevándose 

sobre montañas a miles de kilómetros 

del suelo, llegar como moviendo 

todos los objetos de lugar. 


Hacer temblar la tierra,

despegando tus pies del asfalto 

para que veas que la energía de rozamiento

 no es contraria 

a la velocidad, sino su aliada. 


Llegar a ti sin la posibilidad 

del viento.






De otra manera, la luna 

no me hablaría 

y la inclemencia del sol 

cegaría mi vista. 


De otra manera, las compuertas 

seguirían calcáreas 

y los puentes desvencijados.


De otra manera, el aire, 

tan generoso, dejaría 

que muriera de hambre. 


De otra manera, no podría ser 

nada ni nadie. 

 En los sueños comienza  la responsabilidad. W.B.Y 


Cuando una utopía 

deja de serlo, 

la soledad se fractura 

y el sueño deviene 

en sujeto explícito.

Miro a través del cristal 

y me hablas. 


Te alcanzo. 

Para mi ángel

Recuerda los castaños en noviembre 

alfombrando la tierra, 

y sus valvas estremecidas

como úteros anidando huecos. 

Recuerda a tu ángel de pelo blanco. 

Recuerda que los moldes 

se desmoldan, que la luz

de las estrellas proyecta 

en la noche de los tiempos 

todo el amor. 

Recuerda 

que son blandos la arcilla

y el barro.


Recuerda que las piedras

también se rompen.

LA CASA

Wo gehen wir denn hin? Immer nach Hause. Novalis 


¿Cuál es la casa a la que siempre 

volvemos, 

después de tanta vuelta, 

donde la gravedad hinca sus dientes

y los sueños se escapan, 

escalan, se esconden como pueden,

no dejándose cercar? 


¿Es el mar, con su ingravidez, 

el que nos llama, o su reflejo más arriba? 

¿Y si la ola nos lleva, volverá el aroma 

de lo que fuimos a la orilla

como regresan los objetos 

que un día partieron? 


¿Volverá la imagen en la noche, 

en las embestidas contra la roca: 

sueños de túnicas blancas 

y cabellos de espuma de sal, 

que agradecen siempre al mar 

la invisibilidad de sus lágrimas?




“Se me ha quedado pequeño”


Hay quien yerra con las magnitudes:

las uvas demasiado verdes,

el agua demasiado turbia,

la luna demasiado alta,

la noche demasiado oscura. 

Nada es pequeño ni grande

para el alma, 

que sabe estar a la altura.