Noventa noches y una moneda


Hay un horizonte en el cielo

como un helecho de Barnsley,

tomando como coordenadas

el sol y la luna que espera.





 


Los signos del amor 

no deberían ser equívocos.

¿O tal vez lo es el propio amor? 

¿Erróneo o susceptible

de interpretación?

Y sin embargo tus ojos 

y sin embargo tus manos...

 


Al milagro de la vida,

al azul exacto de esa roca,

a la fuerza de mis brazos, 

al aprendizaje temprano 

que deja heladas las extremidades,

al camino serpenteante:

no renuncio. 

 No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.” María Zambrano 


Llegar a ti, no como se llega 

a una montaña elevada 

a más de 8000 metros del suelo, 

ni ser capaz de caminar descalza 

devorando las brasas de unos poemas. 


Llegar a ti como elevándose 

sobre montañas a miles de kilómetros 

del suelo, llegar como moviendo 

todos los objetos de lugar. 


Hacer temblar la tierra,

despegando tus pies del asfalto 

para que veas que la energía de rozamiento

 no es contraria 

a la velocidad, sino su aliada. 


Llegar a ti sin la posibilidad 

del viento.






De otra manera, la luna 

no me hablaría 

y la inclemencia del sol 

cegaría mi vista. 


De otra manera, las compuertas 

seguirían calcáreas 

y los puentes desvencijados.


De otra manera, el aire, 

tan generoso, dejaría 

que muriera de hambre. 


De otra manera, no podría ser 

nada ni nadie. 

 En los sueños comienza  la responsabilidad. W.B.Y 


Cuando una utopía 

deja de serlo, 

la soledad se fractura 

y el sueño deviene 

en sujeto explícito.

Miro a través del cristal 

y me hablas. 


Te alcanzo. 

Para mi ángel

Recuerda los castaños en noviembre 

alfombrando la tierra, 

y sus valvas estremecidas

como úteros anidando huecos. 

Recuerda a tu ángel de pelo blanco. 

Recuerda que los moldes 

se desmoldan, que la luz

de las estrellas proyecta 

en la noche de los tiempos 

todo el amor. 

Recuerda 

que son blandos la arcilla

y el barro.


Recuerda que las piedras

también se rompen.

LA CASA

Wo gehen wir denn hin? Immer nach Hause. Novalis 


¿Cuál es la casa a la que siempre 

volvemos, 

después de tanta vuelta, 

donde la gravedad hinca sus dientes

y los sueños se escapan, 

escalan, se esconden como pueden,

no dejándose cercar? 


¿Es el mar, con su ingravidez, 

el que nos llama, o su reflejo más arriba? 

¿Y si la ola nos lleva, volverá el aroma 

de lo que fuimos a la orilla

como regresan los objetos 

que un día partieron? 


¿Volverá la imagen en la noche, 

en las embestidas contra la roca: 

sueños de túnicas blancas 

y cabellos de espuma de sal, 

que agradecen siempre al mar 

la invisibilidad de sus lágrimas?




“Se me ha quedado pequeño”


Hay quien yerra con las magnitudes:

las uvas demasiado verdes,

el agua demasiado turbia,

la luna demasiado alta,

la noche demasiado oscura. 

Nada es pequeño ni grande

para el alma, 

que sabe estar a la altura.