Gracias

Soy afortunada: 

el sueño de amor de Liszt

en las manos de mi hija,


dos tartas de mis amigas,


libros y libros y más libros,


margaritas con razón, 


o sin ella,


esta luna inmensa 


que casi puedo abrazar


y un poema.



Péndulo cónico


De quién el dedo 

que sujeta la vara. 

La materia oscilante 

hacia un lado, hacia otro.

La eterna pregunta 

sobre la longitud del hilo.


Y la trayectoria circular.



Un ínfimo punto pálido 

entre cometas, nebulosas 

y otros cuerpos celestes,

pero brillante por la luz 

de una estrella a la que rodea 

y resistente como el grano 

de un mineral que no se puede rayar. 

Aunque lo intenten, 

con sus lanzas y su ruido,

no dan en la diana, 

ni se escucha desde la música 

de los que nacen y mueren 





                                         

y aman.


Te alejaría de mí

si dejara de soñarte, 

como se va alejando aquello 

que no se recuerda.

Pero los sueños que persisten 

dentro de otro sueño,

mucho más allá del umbral

de la ilusión, 

vienen para quedarse.