Para Milena Knezevic

 

Que tu nombre fue reverenciado 

por Kafka, 

quienes preguntan de dónde vienes, 

probablemente lo ignoran. 

Que tu origen sea incierto 

añade belleza a tu imagen: 

puedes elevarte más allá 

del cielo de esta isla 

que está dentro de otra isla,

y de otra y otra…

 

Que no te tomen en serio

es una broma muy seria.

Que la noche no habla, 

que los árboles no despiertan 

en sus claros oscuros 

y calientes del día 

para cantar y contar el abrazo 

de los niños durmientes que los sueñan,  

de los animales que los anidan 

y dan gracias, 

agradecen su verde en la noche:  

ese color que, los que hablan 

en serio, no ven.


Que no te tomen en serio, créeme,

es una broma muy seria. 

 


Cómo se hace para nombrar 

un sentimiento sin filtro, 

el bulbo que lo nutre, 

subterráneo e imbricado,  

entre la palabra y el silencio. 


Cómo para desescamar el corazón,

arrojar al océano las esquirlas 

de esta criatura, endurecida y tierna, 

para que solo quede todo 

el amor que siento. 

Instrumento


Las caderas se estrechan,

el vientre se redondea. 


Hay que ajustar las cuerdas


de otra forma para afinarlo, 


para que siga sonando.


Temía que se parara, 


y, sin música, dejara de bailar, 


pero el río no se ha secado, 


sigue su curso 


con el agua más mansa.  







Desbocada


Te quitaste el bocado 

cabeceando, 

libre la mandíbula 

de acero y hierro.


Creciste sin boca, 

con los ojos y tímpanos 

atentos a lo esencial: 

ver,

oír, 

callar. 



Alegoría de la templanza. Alonso Berruguete.
Museo Del Prado.


To be continued

Se busca a los inocentes, 

hazmerreíres que el sol 

elige para alumbrar,

a los que hacen crecer 

flores de las raíces de sus manos. 


Se huye de los descreídos 

que vuelven -¿de dónde, 

si siempre se va, se vuelve?-,

de los que dicen haber hecho

un surco en la hendidura de lo infinito.  


La poesía, si hay vida, 

como una película muda, 

                                         continuará…

 

Sabía que eras tú, 

aunque tus ojos no eran tus ojos, 

ni tus manos 

se parecían a tus manos, 

ni la sonrisa,

ni los gestos, 

ni la posición de tu columna 

erguida sobre una silla de otra época, 

Sin embargo, sí era el amor la causa 

de que, no siendo tú, te aparecieras 

tú de nuevo en mis sueños.