Deseando amar

 


El deseo de cultivar un jardín,

con hierbas aromáticas y flores,

choca contra la realidad 

del pulgón. 

El deseo de volar sobre las copas

de los árboles y vislumbrar 

abismos desde el cielo, 

contra la gravedad. 

¿Y el deseo de amar? 

El deseo de amar, contra todo:

pulgón, gravedad, desierto,

pero es el único que procura 

el aroma más sutil, 

el vuelo más perfecto, 

y el fuego necesario 

para que arda en llamas 

la parte más incombustible de la vida. 


Quiero decirte: amor 

y escuchar la palabra 

desde dentro de tus tímpanos, 

en tus arterias bombeadas 

por el corazón, cuando el eco

ya ha entrado en ti, 

en el instante preciso

en que su significado gana 

o pierde todo su valor.

Conocer el estallido respiratorio

que producen estas cuatro letras. 

 


Las grietas en tus manos, 

que pagan una deuda ajena, 

también se cobran su cura: 

manos hechas para amar

que amando, sanan. 




Hoy es tu día



Tú, que me acompañas y me arropas, 

que me empujas y te clavas. 


Mi día deberían ser todos, contesta, 

como tu yo deberían ser otros:

la hierba, el viento, la lluvia; 

la lengua áspera y rugosa del gato; 

el pecho febril de la madre 

que necesita ser succionado,

porque arde, porque duele; 

el ojo del bebé, la mano del viejo;

el cuerpo minúsculo de la niña 

que agoniza sobre la arena negra...


Hoy no es mi día. Mi día son todos. 

 No voy entrecerrar los ojos

para ver la imagen,

no voy a contar con los dedos cruzados 


mientras cambia el escenario,


no voy a dar de comer a la mano


derecha]


con los atributos de la izquierda,


no cerraré ninguna llave 


y no permitiré que Ethos 


se deje aniquilar por Pathos, 


como un Abel cualquiera.

 

Me enfrenté al dragón: 

dejé de darle el agua

que él convertía en llamas.

Y se fue haciendo pequeño

y de sus ojos la súplica, 

y de sus garras las uñas, 

cayendo, una a una, sobre el mar, 

y de su boca la garganta 

                                        quemada. 


Lancé una flor sobre los restos. 


La caligrafía del tiempo

escribe sobre los cuerpos 

en la noche cerrada.


Los pétalos morados 

se cubren de un manto blanco,

pero arden. 


El cuenco se modeló 

entre nuestros sueños trenzados.