Sube conmigo a la rueda del tiempo:
¿ves a esos dos niños
que se empujan en el tobogán
a la salida del laberinto
o en la orilla de la playa jugando
a despistar a las olas?

Que gire un poco la rueda
hasta esa cafetería del Hotel Europa,
donde dos cuerpos dormidos
piden la cuenta del café en la barra
y salen por la misma puerta giratoria...

Qué cercana ayer la materia,
qué próxima hoy el alma.

Eclipse solar



Me abracé como pude a un sueño

y asida a él, podía adentrarme

más y más en la oscuridad.

Porque sabía que el anillo

que la circundaba era de luz.

Y en ese contraste, la compasión

abrazaba con fiera ternura

toda la culpa.

Como en mi vieja caja de hojalata
con mujeres de Mucha,
tengo un reducto, un lugar
donde guardo lo esencial.
Son instantes donde me he detenido
a mirar tan profundamente al otro
que soy el otro:
el portero que entrega la carta a la vecina,
la vecina que la coge emocionada,
el perro que ladra a sus pies,
la niña que lo reprende,
el padre que la toma en sus brazos,
la puerta que se cierra,
los zapatos en el rellano,
el portero que se aleja...
En ese no lugar sin pretérito, sin futuro
puede que habite lo sagrado.

Quiero que alguien me llame amor,
que cubra mi cuerpo de besos
como ramas.

Ya no bastan las palabras
para transvasar el líquido,
para aspirar el aroma.

Dime: ¿qué textura y olor tienen
la savia de un cedro?

Podrás decir espeso, dulce,  amargo
o quizá podrás hacer como aquellos
que ceremoniosamente dan vueltas
a una copa de vino antes de probarla
y después hablan y hablan y hablan...

Mientras, la cena se enfría y el árbol
se deshoja.

Hay un cruce de sueños

que nace de una vida infinita:

telúricos y difusos

con un principio y un fin.

Hay umbrales de espacio

y fronteras de tiempo.

Límites geográficos y soles

que marcan los días y lunas

que marcan las noches.

Y los trozos dispersos de una sola

consciencia experimentan allí-aquí-

el milagro de ser.

No lo fuerzo para que no te vayas:

unas manos en la barandilla

con sus nudos, con sus púrpuras ríos,

una nube escupiendo lunas,

la piedra que tropieza con mis pies

y al mirarla me sonríes desde el suelo.

Apareces sin conjuros, desvío la atención,

y de pronto el grito con tu nombre

de un niño, unos versos que se cuelan,

un olor a terciopelo amargo,

el signo violento y áspero:

como si yo pudiera,

como si yo supiera,

como si yo quisiera.
Me anticipé al miedo,
temiendo.
Me anticipé al fracaso, 
fracasando. 

Me pilló desprevenida, 
con el pie cambiado
nacer anticipada al sol,
a la luna, a las estrellas, 
al amor, amando.