Si te cuento lo que sucede hoy,
no lo creerías.
O, tal vez, sí y desearías ir a auxiliar
a los que corren por los pasillos
como ciervos asustados.
Recuerdo cuando me hiciste pasar
a una sala de enfermos graves
y giré la cabeza para no ver
los genitales expuestos de varios ancianos
y traté de recomponer el puzzle
en el rostro de un accidentado
que se había dejado algunas piezas
en la carretera...
Había algo en medio en esa sala,
entre los ruidos de las máquinas
y las quejas y los cables,
entre la vida y la muerte
que no supe descifrar.
Entendí después que cuando el amor
se viste de compasión tiene justo ese aroma,
tiene ese olor...

No quise que fuera
como el día
cuando se duerme
el sueño
y hace su aparición
esta pesadilla
abigarrada.
Quise que soñara
con la corriente
viva del río
aunque le faltara valor
para asomarse a su ribera.
La rabia sale de su celda 
con forma de rayo 
y conjura a la tristeza vestida de mujer 
que contempla su reflejo
en un estanque. 

Se colman las arcas vacías, 
languidecen  las llenas. 

El hombre del parque


Para E.R

Podrás engrasar ahora
todas las bicis de los niños
y vigilar para que ninguno se caiga.
Tendrás mejores vistas del tobogán
y empujarás los columpios más alto
con el impulso de la bondad,
el motor que más lejos lleva.
Cuando vuelvan esos niños,
ya adultos al parque,
sonreirán recordando al hombre
que les enseñó a atarse los cordones,
a escalar por las cuerdas
y a levantarse después de tropezar.

Veo hombres ensartados
con extraños fuelles de plástico
y pulmones de acero,
y testigos como astronautas
que han perdido su nave
de regreso...

Y veo mi alma
que sólo sueña con el viento,
con la crin de mi caballo
azotando con fuerza mi rostro
en esta primavera que estalla
en tan hermosa crueldad.

Vibra la tierra en otra onda,
pero no advertimos su música,
ocupados en correr para llegar...
¿a dónde?
Nos hicimos corredores
pero olvidamos la danza.
Oigamos la primera cadencia,
el latido del corazón
que marca el compás inicial
y tomemos un profesor de baile:
un pájaro, un pez, un caballo
que nos guíen para no pisar,
para no volver a manchar
la falda de nuestra madre.


Tu boca, dame tu boca ahora
y abre tu cuerpo sin miedo,
quiero beber de ti.

¿No ves cómo se escapa la muerte,
avergonzada?

Cierra los ojos, amor,
¿no sientes cómo la vida
nos llama?