Desparramada la cena 

por el suelo de la cocina, 

la bandeja hecha añicos, 

luchabas por levantarte 

asida a la pata de la mesa.

Fui a levantarte pero caímos ambas 

y reías pese al dolor, 

cocinabas pese a las drogas:

“he visto un guerrero ninja 

en la ventana, 

le voy a preguntar si es real…”

Tus huesos se quebraban: 

el cráneo, el fémur, las muñecas…

“necesito un Chupa Chups 

para levitar…”

Ni un solo día hasta el final

dejaste que viéramos el miedo. 

¿Cómo alguien como tú 

engendró algo como yo? 


A gatas y bípeda, 

ventanas limpias 

con vistas despejadas 

a patios de luces sin luz.

La miel de la memoria 

o el decorado que inventas. 






No avisaré de mi llegada, 

quizá presientas por el aroma 

de ciertas calles

que anduve muy cerca. 

Tal vez en aquella plaza 

cuando levantes la vista de tu café 

y observes una bandada de pájaros 

picoteando algo en el aire,

o en el reflejo naranja de un cristal 

que refractaba la luz 

sobre tu vaso de agua,

o en el traspiés de una mujer 

que miraba hacia todos los sitios 

y a ninguno sin seguir las indicaciones del equilibrista.

En una risa a destiempo.

O en una lágrima. 

 


Y se hizo otoño en el sueño. 

Las hojas movidas por el viento

formaron un corro de brujas

que cantaban en un idioma extraño, 

los árboles hablaban entre sí:

pronto llegará la tala

vivid ahora, decía el más alto,

el sonido de un arroyo cercano

parecía la música de un corazón

que sabía del amor y sus daños.

Mis pies descalzos miraban 

el camino:

hacia atrás parecía largo, 

hacia delante más corto 

y escarpado. 




 

 

 


Esta mañana mis brazos  

buscaron las olas más altas 

para atravesarlas sin temor.

Sentí mi cuerpo ingrávido, 

libre la respiración

como una regla de tres inversa 

que se ríe de la estadística: 

a mayor dificultad, menor esfuerzo.

La rueca no huye del cáñamo

ni el amor del dolor. 

Cihuri

 

Atardece sobre las aguas del río, 

se van los perros con sus palos, 

las mariposas buscan cobijo 

bajo alguna rama, 

la corriente golpea a una piedra

procurándole otro lugar…

Todo se traslada sosegadamente,  

salvo el puente de tres arcos 

que inmóvil observa desde siempre  

cómo arden los deseos incumplidos. 





 






  

 

Una estrella la besó

en medio de los ojos, 

y ella salió 

por entre los muros 

del cuerpo. 

Después de orbitar 

alrededor de su lecho, 

volvió la luz a la noche, 

la calma al inquieto sueño.