De una espiral ha nacido

con una pluma en el vientre

y en el alma un alero de azul

que la guía entre vetustas

coordenadas de espacio

y de tiempo.

La mano tendida fue su alimento

y la brújula su mirada

cuando la niebla por fin ha caído

formando un manto de tul

que abrigó sus pies fríos.

Y ahora que todo está nítido,

va colocando con parsimonia

en un crucigrama las letras

que la forman, el nombre

que la llama.

Y mira las sonrisas de sus madres 


y atiende sus gestos de aliento.

Y sabe que ya no está sola

por el eco de sus pisadas.










7 comentarios: