Ovíparos



La araña deshizo la casa,
masticó la red
empezando por la esquina.
Se enredó en la arquitectura,
pero logró salvar sus patas.
Cuando al fin llegó al centro
y el entramado era un vómito
de seda 
en el suelo, 
                                           saltó.


No puedo leer mis versos.
A penas un hilo de voz
sale de mi garganta.
Un hilo rojo,
                    un hilo ronco.


Mi universo no ha de ser
como el tuyo,
qué aburrido sería aspirar
la misma fragancia.
Para ti es almizcle y así está bien,
para mí, vainilla con bergamota.

Y lo que tú ves, cuéntame:
¿Es una cuerda aquello que tiembla
entre el cielo y el mar?
¿Es el suspiro por el que suben
sirenas a cuchichear a los ángeles
en medio de la noche,
o son escalones por donde estos bajan
para indicarnos las dichas
que no tenemos tiempo de contemplar?

Cuéntame a qué huele el amor,
a qué el miedo y las dudas.
Quiero ver desde tu allá.

Llegando


Estoy haciendo limpieza de la casa,
se han acumulado mis muertes
y necesito espacio para mis vidas.
Despejo con blanco el gris
y subo al Roque Nublo
con el collar y la pluma.
No me paro en los umbrales
ni cuento las águilas
que me acompañan, los pies
no discuten con las botas,
y no se desglosan las cuentas.
Mi cuerpo está ágil todavía,
mis brazos se alzan, mis piernas
empujan y el viento, por fin amable, 

me anima entre codesos y salvias. 
Adivino la sonrisa de mis fantasmas
y comienzo a reír;
tímidamente al principio,
después a carcajadas.



Hospital


En una sala de espera,
en medio de un enorme pasillo
con aviso de radiación,
pasan camillas con suspiros
arrebujados bajo las sábanas
y mirada remota.
Pido a Dios que sea un regidor
más amable, que les envíe un guiño,
que levante esas ruedas,
que cambie el decorado...

Se abre una puerta y sale
una hermosa Madona,
con la cabeza rapada.
Me sonríe y siento el abrazo
de lejos. Y todo cambia.

Conocimiento


Hundo con fuerza el dedo
en la orilla y se dibuja alrededor 

de la yema un círculo 
de arena más clara.
A mayor presión más se esparce
el círculo.
Y más y más. 

Implacable árbitro


Nada sabe nadie,
nadie sabe nada,
todo fue dicho,
dicho fue todo,
ayer ya pasó,
ya pasó ayer.

Pero queda hoy.
Para decir,
para aprender,
para querer,
para sentir.

Ya dije hoy.
Hoy fue dicho.
En el ring
ayer y hoy.
Vencidos sin izarse
tras contar diez.

¿Quién?







Sube por el acantilado sin prisa
la noche oscura que dice lo que callo.
No la aliento para que avance,
prefiero que se entretenga con cosas
que ya han ido cayendo:
lenguas vacías que dijeron,
monedas de oro manchadas,
sumas incompletas y restas imposibles,
amores fracasados. 
Me alejo del abismo a cantar
en la playa de piedra.