Aspavientos

No trates de dar la vuelta
a todo aquello que digo.
Partes de otra piel
y no llegas al mismo sitio.
Aún no sabes
que no es mi deseo llegar
ni mover las palabras
como aspas de molino.
A las luciérnagas los celos
las pintan pardas
y parecen cochinillas.
Y entonces no pueden volar.
Ni tan siquiera alumbrar.

Sostengo con fuerza...

Sostengo con fuerza una taza en mis manos
con un líquido ardiente dentro.
Y me quemo, aún así la agarro
firmemente.
No es que tema que se rompa.
Pero pronto se pondrá el frío, lo sé,
y mis manos se llenarán de sabañones
y justo recordaré esta taza.
Está abrasión. 

Y por eso no la suelto.

Hilos


¿Hay memoria para el pájaro?
¿Troqueló alguien su corazón?
¿Le pide al aire que sea?
Somos hilos de una misma
hebra infinita,
briznas de la misma hierba.
Sin principio.
Sin fin.


Las cortinas...

Las cortinas
embozan
sus cuerpos
mecidas por
el impacto
de bombas
que rugen cercanas.
Se desparraman
indolentes notas
de un piano
en la habitación
de al lado.
Ajenos los amantes a
aquello y esto
se esparcen
ante la cercana
muerte.
No ríe la última.
No ríe mejor