Deseo

En el deseo oblicuo
de tus versos
muerdes mis dudas
a dentelladas.
Amarte es tarea fácil,
deshacerme en tus manos
deshojarme en tu boca,
ser matriz en ti,
uno contigo.
Antes de.

Por navidad

A qué vienes ahora, padre,
a echar cuentas,
quieres que te hable
de mi vida, de mis hijos
una vida después
donde tú no has sido
más que una figura muerta
en un retrato, un nombre
en un árbol genealógico,
un dedo acusador,
un silencio de treinta años.
A qué vienes ahora, padre,
a echar cuentas.
No quiero volver atrás,
encuentro acomodo
en la luna, en su regazo de madre,
con ella no sirve hacerse la fuerte;
conoce bien mi corazón,
es mi confidente,
sabe de mis gritos,
de tus ojos, de mi miedo.
También conoce mi pena,
mis ganas de quitarte la culpa,
aunque luego me hunda con ella.
Ella lee lo que digo.
Pero no quiero lastimarte,
no hay nada que saldar.
Te he borrado de mi vida.
No echemos más cuentas ya.

Sin título

Que no nos consuman
las palabras ni estrangulen
sus tramposos hilos como aceros
que cortan la piel.
Espárcelas suaves,
indecisas pero abiertas
a tres, seis, nueve caminos...
Prolonga el deseo
más allá del deseo
para que no venza
ni aniquile al amor.

El doctor mente

Espero en la consulta inventando qué decir hoy:
“sí, ya cuento menos”
“sí, hoy me gusta el número de su edificio”
“no, no me fijo en las baldosas
ni en los colores que persiguen
los sueños de la gente,
ni siquiera en sus ojos anodinos
y cansados que si los fijo
me agotan y me dejan exhausta”.
“Por lo demás, no me duelen las manos
ni los dedos, con ellos acaricio
lo que quiero y me lleno de energía,
los brazos mejor también...”
ahí es cuando recuerdo no taparme con ellos
para demostrar mi actitud abierta,
“sí, el aire no me falta
y a veces me sobra en cuanto salgo de aquí
y camino por lugares no marcados."

¿Sabe usted?

Hay algo en su cara que me irrita
no sabría decirle qué, en sus modos aprendidos,
en su voz modulada, sin música,
como si dijera la lección
al profesor de primaria.
Creo que voy a decirlo: que me aburre,
que no vendré otra vez, que todos sufrimos,
que quizá usted más, que tal vez,
que quién sabe, que mucha suerte,
que le vaya bien.





Canción

Casi todos iban sedientos
con los brazos extendidos
pidiendo: agua, agua...
Y, aunque no podáis creerlo,
llevaban sus espaldas vencidas
por el peso de alforjas repletas
de litros y litros de agua.
También pedían cobijo
y aporreaban las aldabas
de todas las puertas
que encontraban a su paso,
algunos hasta las derribaban,
con tal de poder dormir al calor
de una chimenea,
y, aunque resulte difícil de entender,
habían dejado en varios confines
de la tierra enormes casas vacías
repletas de víveres y de calor
para nadie.
Y continuaban su viaje
enfermos bajo un manto de estrellas
que ignoraban,
pidiendo, reclamando, solicitando.
Y de pronto el camino se abría
repentinamente para algunos,
para otros terminaba,
y sólo entonces enmudecían
sus bocas reclamantes. Algunos
podían entonces sentir el sol,
admirarlo y esbozaban una triste
sonrisa.
Otros se iban con los brazos
en jarras sin haber entendido nada.






Sin argumentos

Te diré que nunca estaba tan sola
como cuando necesitaba
dar argumentos,
efectos huérfanos de motivos,
bastardos nacidos sin causa aparente
a mi mirada.
En realidad no debes sentir pena:
¿ sabes?,
nunca estoy sola
aunque esté callada,
pues es entonces cuando todo suena.
Mi respiración se abre al mundo
y danza en las copas de los árboles,
en las comisuras de la tierra,
en los bordes de todos los océanos
y es, entonces, cuando siento
que un ave se posa en mi pecho
y lo abre y lo lleva a otros cielos
eternos, distintos,
sin argumentos.




Spiel ein bisschen für mich


Quise llamarme Clara
como tú,
aún siendo oscura,
Clara como tu música,
aún perdida en la niebla.
Clara,
aún cuando nadie dijese
mi nombre ni entonase
mis melodías,
quise llamarme Clara
como tú.

Fractal


Todo se repite de una menor a una mayor escala. Así, en una miniatura hay estrellas reflejadas, en las larvas del camino, en las frondas de los bosques, en la arena de la duna.
Adentrarse en la partícula más pequeña de un átomo te permite ver el universo.
Microscopio o telescopio vienen a ser lo mismo.






María


Hace siete años hoy.
Me había preparado para ello,
pero no me iba a atrever.
A punto de tirar la toalla
de cuclillas
oigo tu música entre mis piernas
urgiéndo, llamando:
agárrame.
Tu cabeza ya asoma
y volteo tu pequeño
torso como si fueras un pez
caliente lleno de ondulantes velos
y estiro bajo tus brazos que se resbalan
y te traigo hasta este otro lado
conteniendo las ganas de limpiarte
a lametazos.
Y te prometo que cuando empiezas
a reptar sobre mi vientre
buscando mi pecho,
ya te veo bailar.



Sombra


Mi sombra está quieta.
Sigue esperando en la orilla,
los peces la esquivan
como si la vieran,
los corales forman alrededor
de ella una figura
circular.
Inmóvil espera.
En sus pies
cruje la arena, se mueve
como una anguila escurridiza
que trepa y llega
hasta su boca:
“que la palabra
se engarce
en tu lengua, que la invoque,
que la mueva.
Que resuenen las letras
en un torrente
de sonidos más densos,
que salpiquen sus aguas
y te hundas en ellas,
que borren la línea de salida
y disuelvan con tu voz
la meta.”

La belleza


¿Por qué no puedo edificar
mi sueño?
¿No lo veis?
Si para los cimientos
me bastan sus ojos,
en las esquinas puedo leer
los preceptos
de mi única religión.

Refranes


No es dulce la venganza
ni se sirve en plato frío,
el recipiente quema
y al paladar es amarga.

Si la dicha es mala
nunca es temprano
para procastinar.

En realidad no perseguí
certeza alguna:
más vale uno en el cielo
que ciento en la mano.

Pero ya no lo veo volando.

Traspaso


No tengo las condiciones
adecuadas para el traspaso.
Intento averiguar quién
puso en mis manos el testigo
para decirle que mis cuerdas no afinan,
que naufragan en un banco de arena.
Y además, en el envés de las cosas
nada te sos tiene. 

Nada.

Vuela


Se opacan los ojos en la tristeza
y el viento se queda mudo.
En la pared se dibuja tu sombra inquieta 

como si te debatieras
entre dos lugares:
en uno te llaman pero vuelves
hacia mí la cabeza señalando
un agujero en tu pecho.
Saco de la mesilla un corazón,
te lo entrego mientras te explico
que le he pegado dos alas:
no te pesará,
ni ocupará mucho espacio,
tampoco embestirá.
Pero corre, mi amor.
O mejor, vuela.







El otro


A blandas alegrías me sostengo
sobre una enclenque viga de madera.
El problema es el otro.
O yo. O ninguno.


Bajo escalones para verte
o para que me veas.
O tal vez subo.

Con desciendo.
Con asciendo.
Para con graciarme contigo.
O conmigo- a saber- .

Pero ahora el otro no me ve,
no lo veo y, lo que es más confuso,
termino por no ver nada.
Nadie.

En fin, la empatía...




Encarnación

Una necesidad de ser el sueño
y hacerlo volar en la crin
de un caballo o en las alas
de un pájaro que canta bajito
pero que alguien lo escucha
porque está atento al desamparo
de sus plumas y a su cantar lento.

Y se obra un milagro
mientras peina al caballo
y oye las notas que se derraman
a través de su cuerpo.

Dispersión


"Dispersa"
"Estás abstraída"
"Concéntrate"

Y salgo de la dispersión
para entrar en otra mayor:
soy unas manos
en la cadena de montaje
de un producto ajeno.
Y navego entre la dispersión
donde habita todo lo concentrado,
para entrar en lo concentrado
donde habita todo lo disperso.


Denudar...

Denudar la palabra
a través del agua,
del aire,
del calor, del hielo.
Erosionarla como a la roca
o al arrecife.
¿Y después?
Después, arena.


Silencio.

El desván

Y el desván se hizo luz.
Las sillas comenzaron a danzar
al ritmo de los amantes
envidiosas del sofá artrítico
donde aquellos meneaban
sus cuerpos en otra dimensión.
Los lienzos en blanco
cobraron de pronto color:
magentas y malvas abrazados
en una infinita espiral.
Y en el aire un leve olor a lilas.

Revelación

Te vi justo en ese instante 
en que se abrió en el cielo gris 
un tímido rayo que fue a caer 
en el borde mismo de tus ojos,
alumbrándolos por dentro 
y haciendo que pudiera leer 
todos los adjetivos que ahora se me niegan. 
Cuánto deseé en ese momento escribir 
sobre tu piel y hacerme un abrigo 
con ella, que fiel guardara 
la memoria de todo lo que no fue dicho.
Las palabras que murieron en ti, 
que nacieron en mí...

Buceando

Quise conocer a un pez sierra
que con su sierra afilada 
segara la espoleta de la granada de mano 
que un día alguien tuvo a bien regalarme. 
Y lo conocí. Al pez sierra. 
Y a su afilada lengua.
Y a un pez espada 
para que la desenvainara 
y liberase mi cintura 
de la correa de balas plateada 
que otro día, otro alguien 
quiso también obsequiarme y, de paso, 
se batiera en duelo con un pez martillo, 
a sabiendas que las reciclaría después 
para apuntalar el techo de una caldera 
a cien metros de profundidad. 
Pero llegó un tiburón que sin despeinarse 
ni un poco la aleta no dejó títere con cabeza, 
ni espada, ni martillo, ni sierra. Por no mencionar 
el set de mis preciados e inútiles útiles. 
Ahora dudo si estas líneas son producto 
de la descompresión. 


Les ruego, disculpen. 

Sin remedio

A pesar de las marcas
en las sienes,
de la mugre del miedo,
de las máscaras,
mi mirada siempre inventa
la luz en las sombras.
A pesar de o gracias a
no me queda más remedio
que creer en el amor.

Jeroglífico

Si no manejas el mar ni las mareas;
si no predices el tiempo,
ni pones recta la brújula;
si no te detiene la espera,
ni te apremia la búsqueda;
si no sabes, por no saber, seguir un mapa
y te pierdes en todos y cada uno
de los caminos secundarios...
¿Por qué este empeño
en descifrar el silencio?
Qué extraño manual homeopático:
un veneno de serpiente como antídoto

que te cura o te lleva directa al cadalso.

Lo que se sale de la línea...

Lo que se sale de la línea
recta. La curva
que desentona. El canto
desafinado.
La flecha que no alcanza
la diana que se aleja.
Una lágrima seca sobre el labio.
El orgasmo inapropiado
en una sala de conferencias.
Las huellas de los pies
tapando zapatazos.
Lo equivocado (si eso existe)
y lo inexacto.
Las obsesiones que patrullan
ruidosas carrozas travestidas de malva.
El vaho del espejo
cuando se está licuando
y deja ver el trazo de tus dedos
dibujando un corazón

dormido en un cuenco.

Pienso en la vanidad...

Pienso en la vanidad...

(Los que no la conocen
no la nombran, ni siquiera
se acuerdan de ella.
Se hace muy evidente
en casi todos los idiomas.
Ay, los comparativos:
esos más y esos menos,
o peor -esos taimados tan-
por no hablar de los superlativos
que en nuestra lengua
se hacen notar más.
Mucho más.)



...Y qué guerra da.

Desistir...

Desistir sería insidioso.
Insistir avaricioso.
Entre abonar la tierra y no plantar
una sola raíz
o tratar de recoger muchos frutos
de una sola planta, dime:
¿Qué verbo

para seguir en ti?

¿Y qué?

¿Y qué si no me entiendes?
Escribo para ser una cuerda
o esas baldosas que se resquebrajan
tras haber sido pisadas
o un desfiladero de piedras.
¿Para cruzar qué?
¿Para llegar a dónde?


¿A dónde?

Miedo

Convidado de piedra del amor,
su ponzoñoso huésped.
Cuelgan tantos disfraces como ramas
de tu oriniento tronco.
Las preguntas y los condicionales,
los subjuntivos a punto...
Ridículo y absurdo cobrador del frac:
no debemos a la muerte
nuestra vida, el amor tiene
los brazos más largos
y te arranca aunque no quieras
ese triste reloj de cuerda
que cuelga de tu solapa:
yo le ayudo.
Pide verde al ahogo 
aunque se sabe 
anfitriona de la sed.
Pero saber algo 
no resuelve el problema 
del agua.

Y necesita beber.

Revelación

Te vi justo en ese instante
en que se abrió en el cielo gris
un tímido rayo que fue a caer
en el borde mismo de tus ojos,
alumbrándolos por dentro
y haciendo que pudiera leer
todos los adjetivos que ahora se me niegan.
Cuánto deseé en ese momento escribir
sobre tu piel y hacerme un abrigo
con ella, que fiel guardara
la memoria de todo lo que no fue dicho.
Las palabras que murieron en ti,
que nacieron en mí...

Adiós

     "Como aquel que no puede decir lo que
        quiere enterrado al fondo de su raza."

              (Vicente Huidobro)

Unas gruesas gotas
cayeron sobre mis manos
como si lloraran las falanges
de mis dedos.
Llévatelas, quise gritar.
No más estos lastimosos versos
que balbucean sin decir,
sin llegar a los angostos ámbitos 
que te contienen.

Brote

Algo se le incendió por dentro. Se chamuscaron algunos fusibles de forma espontánea o no, quién sabe, y del montón de cables quemados nació un retoño de aire más fresco y despierto. Parecía diferente de los demás; menos perspicaz y astuto, en apariencia algo lerdo, pero cuando decía algo con ese aire de pimpollo ausente parecía un pájaro viejo.
Recetaba cuentos para las penas y poemas para las dudas de la existencia.
Y lloraba cada tarde y también muchas mañanas. Y reía con las flores.
Se callaba la gente cuando hablaba y dudaban si anestesiarlo o seguir sus raros consejos.
Pero pronto empezó a asustar a su entorno y lo llevaron al médico. Era un brote, le dijeron. Y buscó el significado de su nuevo nombre en el diccionario y entendió que debía volver a quedar dormido o, cuando menos, parecerlo.
Y así todos contentos: los dormidos y los despiertos que simulan echar un sueño en un mundo que parece una enorme y absurda cama circular.

Ayer...

Ayer me armé de valor, o mejor, me desarmé de miedo.
Prefiero el verbo con el prefijo que lo niega para dejarlo como estaba en un primer momento. Des armar: quitar las armas que uno mismo se ha debido colocar por algún motivo. Decía que me desarmé y no como metáfora, si no como descanso a la orilla de un río para inclinarme a beber agua y dejar por un momento todos los artilugios de defensa o de ataque, que viene a ser lo mismo aunque casi todo el mundo me lo discuta. Y te lo conté. Todo. Hasta aquello que no se debe decir. Y es entonces cuando pude observar la situación desde otra perspectiva diferente, no desde la tuya ni desde la mía sino desde una tercera mucho más perfecta: un otro con una visión nueva.

Hay algo que vive...

Hay algo que vive en mí,
que late dentro,
no quiero taparlo más,
ya no lo temo.
No quiero cambiar
el vestido a la muñeca,
aunque este viejo y raído,
ni alicatar los baños,
ni trasegar más versos.
Fabriqué el recipiente,
le di la forma adecuada
y ahora puedo verlo.
Está vacío. 

Y está muy lleno.

Fui la ausente...

Fui la ausente de tus versos.
La noche más oscura
que decide que la luna
dé para otra mano.
La inexistente.
La que no fui.
Algo así como de barro,
o tal vez, de plastilina.

Se inflama...

Se inflama y se comprime
la hoja caída
como si quisiera seguir bailando,
antes de fundirse con la tierra,
al ritmo de un corazón que ama.
Que condescienda el viento,
parece decir.
Una sola vez más.

Hay un solar...

Hay un solar repleto de ceros
y luz. A salvo de un mundo
extraño. Y hay en el suelo
poemas escritos que pueden leerse
al tocar, las letras palpitan
vivas al tacto,
los ojos no pueden verlas.
Y estas tú. 

Y sé que me esperas.

La magia

La magia huele a limpio,
a fragancia de niño que entiende
todos los poemas
y tiene la textura de un ratón
que permuta un diente
por una moneda,
y canta profundas melodías
que saca de un sombrero de copa
y sabe a instante
y a regaliz
y es redonda.
La magia mira todo lo que ve
y ve todo lo que no mira.
El problema es que a veces se esconde
cuando uno se complica, porque
-y eso hay que tenerlo en cuenta-
ella es modesta y sencilla.

En la diagonal...

En la diagonal más lejana
se le fue de las manos
la primavera.


Y el tallo se quedó sin vestido.

Los pétalos a merced de los alisios
alfombrando dunas, roques
y una ardiente lava.

Aspavientos

No trates de dar la vuelta
a todo aquello que digo.
Partes de otra piel
y no llegas al mismo sitio.
Aún no sabes
que no es mi deseo llegar
ni mover las palabras
como aspas de molino.
A las luciérnagas los celos
las pintan pardas
y parecen cochinillas.
Y entonces no pueden volar.
Ni tan siquiera alumbrar.

Sostengo con fuerza...

Sostengo con fuerza una taza en mis manos
con un líquido ardiente dentro.
Y me quemo, aún así la agarro
firmemente.
No es que tema que se rompa.
Pero pronto se pondrá el frío, lo sé,
y mis manos se llenarán de sabañones
y justo recordaré esta taza.
Está abrasión. 

Y por eso no la suelto.

Hilos


¿Hay memoria para el pájaro?
¿Troqueló alguien su corazón?
¿Le pide al aire que sea?
Somos hilos de una misma
hebra infinita,
briznas de la misma hierba.
Sin principio.
Sin fin.


Las cortinas...

Las cortinas
embozan
sus cuerpos
mecidas por
el impacto
de bombas
que rugen cercanas.
Se desparraman
indolentes notas
de un piano
en la habitación
de al lado.
Ajenos los amantes a
aquello y esto
se esparcen
ante la cercana
muerte.
No ríe la última.
No ríe mejor

Propiedad distributiva


Cuántos que nada nos deben
nos dan.
Devolver los dones a quien
nada nos dio.

O ser sólo los ojos para la flor
que abierta se nos ofrece.

Esculpiendo el tiempo


Insistir en dar un golpe
a la materia,
cincelarla con las manos
de un sueño
que aún puedo oler.

Y seguir insistiendo.

Tu casa


Me has invitado a ver tu casa.
Tan llena de luz.
El sol invade todas las estancias
y la vida estalla
en los armarios, en los cajones,
en la estantería...
ese cálido vientre, modesta
placenta
hecha de tablas que, tímida,
me permite asomarme
a tu otro nacimiento:
el más bello poema de amor,
alimentado con la infinita
sangre
de mis poetas.

El norte


Es tan fácil perder
el norte.
Yo, que nací en él,
antes de venir al mundo
ya lo había perdido.
Porque en los genes
que se supone que somos,
había mucha transmutación,
mucho antepasado buscando
entre los restos del naufragio
la dichosa brújula desconchada.

¿Y ahora?
La proa, más menos que más,
ya sé dónde queda
pero no me quita el sueño.
Mi barco navega feliz
mecido por el canto del viento.

Poesía


No eres de nadie
aunque muchos crean poseerte.
Sólo a veces, y muy pocas,
te dejas acariciar el lomo
por algunos clarividentes.
Otras, saltas de no sé dónde
dispuesta a soltar un zarpazo
cuando se dice tu nombre.

No escribo poemas de amor


Mi cuerpo ya no ondea al viento, se va quedando algo rígido como una sábana no descolgada de su línea de secado, después de aguantar muchas lluvias, muchos soles.

Mi mano no escribe poemas de amor, demasiado pensamiento plomado impide volar mis versos, apenas despegan un poco, caen de bruces al suelo y se marean en círculos que no convergen, muriendo los pobres ahogados víctimas de rimas que se cuelan, ancladas y aceleradas.

Sin embargo, mi alma quiere decirte algo, pero, ¿ cómo hago para que mis palabras vuelen y acaricien tu cuello si las entronco y no las suelto? Quiero desplomar mis versos, que aleteen por tus rodillas, que trepen desde tu vientre y en su desfile hacia arriba vibren y tiemblen tus tripas, y ya empiezo a caer en lo mismo...

Tal vez el silencio lleno de palabras te explique mejor lo que siento, y hable mejor de ausencia, de anatomía, de sexo.

Mi mano no escribe poemas de amor, no los que yo quisiera leer.

Me quiere, no me quiere...

Pobres margaritas,
alegres fedatarias del amor,
qué peso recae sobre vuestros
frágiles pétalos.
"Incautos", parecen decir,
abrid bien los ojos
y no contéis al amor.
Es sólo vuestra memoria
de siglos
quien formula las preguntas:
yo no tengo las respuestas.

Ilusión

Ya no es inhóspita la noche,
no necesito más coartadas
para dar esquinazo a la realidad.
Con el pie izquierdo doy un puntapié
a esos programas-tan programados-
de la razón.

Me voy a jugar un rato contigo,
quítate los zapatos y ven.
Tú, que me has enseñado
que la cruda realidad
está tan poco hecha
que derrama sangre 

por los cuatro costados.

Un nuevo día...

Un nuevo día y con los párpados
abiertos me yergo. Verticalidad
sobre un eje, el que me habita
y con ello la vista al suelo.
Y con la vista la mente. Ciega
entre las ciegas.
Las líneas a raya, los números primos,
los círculos a centro, los cuadrados
a esquinas.
Adquiero movimiento, las aspas
moviéndose por inercia y los tímpanos
oyendo ruidos, los mismos pero
distintos.
Y con los oídos la mente. Sorda
entre las sordas.
Tomo la mano de mi hija para
cruzar la calle y siento calor, tibieza,
amor. Y con el tacto, la mente no.
Tal vez sea ciega y sorda con un 

sólo sentido fiable.

Adiós

No vendré más.
Ya lo dije todo.
Me dibujé en el lago de tus ojos
creando una ficción
donde sólo vivía yo.
Tan dentro era mi amor.

Tan viejo...

Redención


Púrgame este llanto viejo
que sólo quede lluvia
fresca, emoción rosada
que envuelva mis células
y las aligere,
viérteme tu sangre,
súmate a mí, o mejor,
multiplícate en mí,
en un requiebro de plasma
eterno,
quítame, sin que me entere,
las hebras de los ojos
con tus manos trasparentes,
y, sobre todo,
cántame en sueños pero dime
la canción: que yo recuerde,
al despertar,
nítidas las palabras que me salven.

A partir...

A partir de un determinado momento, no puedo precisar cuál, quizá nadie lo sepa, la vida se parece a ese jersey de lana favorito que algún incauto metió en el programa de centrifugado no apto para prendas delicadas. Y estiras y estiras los días, pero no dan más de sí. Y te metes el jersey a duras penas, pero vas algo encogida.